martes, 30 de agosto de 2011

16.


Hay ocasiones en las que parece que se detiene. Parece que desea prolongar cada latido un poco más de lo que ya lo hace normalmente. Lento, recreándose, disfrutándolo. Porque no es para menos. Te llevas un poco de mi aire, de mi tranquilidad, me dejo rodear, despertar, arrullar, sofocar, susurrar, arder. Y eso le gusta, que me cortes la respiración… Y cuando acaba el vaivén de los cuerpos, él hace acto de presencia. Supongo que quiere hacerse notar. No puedo verlo, pero estoy segura de que sonríe, porque piensa que nadie nos gana en estos juegos. Él lo sabe todo… no lo entiende, porque no puede, pero lo siente. Sabe lo que viene después, y lo de antes, y lo de todos los días, y todas las semanas, y todos los meses… Y si cerramos los ojos y nos concentramos mucho, podemos comprobar cómo efectivamente él es capaz de conseguir que nos llueva por dentro. Sus latidos van al triple de velocidad que las gotas que aporrean la ventana.

Dime cómo vuelvo yo ahora al mundo real…

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